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Es difícil para mí describir mis sentimientos en pocas palabras, pues no resumo las misiones como un sentimiento puntual durante el tiempo que se permanece allí. Es algo que te cambia la manera de pensar, la manera de ver las cosas, las  formas de valorar la vida…

Ir de misiones provoca una felicidad increíble: la felicidad que se consigue entregándose a los demás, olvidándote de ti misma, sin importarte el cansancio, sin mirar el reloj para ver las horas que dedicas a los demás…AYUDAR da la felicidad, lo tengo comprobado.

Calcutta es una ciudad a la que le tengo muchísimo cariño. Después de tres años yendo no pierdo las ganas de repetir una y otra vez. Me siento muy útil aportando mi pequeñito grano de arena. Me siento feliz pensando que los enfermos a los que acompañamos estarán ansiosos esperando el verano para que lleguemos los voluntarios.

Los hacemos felices dedicándoles una sonrisa sin motivo alguno, simplemente sonreirles y hacerles ver que nos están regalando la mejor experiencia de nuestra vida.

Los hacemos felices acompañándolos, bailando con ellos, pintando las uñas a las mujeres, apretándoles la mano y dándoles cariño. Los hacemos felices dedicándoles una sonrisa sin motivo alguno, simplemente sonreirles y hacerles ver que nos están regalando la mejor experiencia de nuestra vida. Los hacemos felices cuando nos ven lavar su ropa y limpiar sus centros, pues ven cómo les aliviamos el trabajo a las Sisters, y eso les reconforta. Los hacemos felices tratándolos sin pena, hablándoles como personas normales. Ayudarles en lo que necesiten pero sin hacerlos sentir inútil. Bailarles una Macarena y enseñarles el baile y la canción. Oyéndolos cantar aunque te piten los oídos de los gritos que dan.

Ellos a su vez nos hacen felices a nosotros, porque estamos consiguiendo durante casi un mes, que en un centro irradien todas las caras de los pacientes. Y estamos consiguiendo que las Sisters estén satisfechas de nuestra ayuda y nos lo agradezcan de la mejor manera posible: con su oración y su sonrisa.

Niños que no andaban y cuando vuelves al año siguiente ya andan, gracias a un fisioterapeuta que tienen financiado por esta ONG. Niños que no hablaban a penas porque son sordos, y que al año siguiente te saludan, gracias a unas maestras estupendas que financia la ONG.

11800159_10152950205260718_4495537868546806719_nEs increíble que ésta ONG te dé la oportunidad de trabajar también en uno de sus colegios, con niños discapacitados. Niños que, en mi caso, he ido viendo crecer durante 3 años. Niños que no andaban y cuando vuelves al año siguiente ya andan, gracias a un fisioterapeuta que tienen financiado por esta ONG. Niños que no hablaban a penas porque son sordos, y que al año siguiente te saludan, gracias a unas maestras estupendas que financia la ONG. Madres desesperadas por no saber cómo actuar con niños autistas e hiperactivos, y que cuando vuelves al año siguiente están felices y orgullosas de sus hijos, gracias a la ayuda de la ONG.

Y por supuesto y lo más satisfactorio, el agradecimiento de esas madres, esas profesoras y esos niños, de que vayamos cada año y los saquemos de su rutina.

Si algo tiene esa ciudad que también me enamora, es el ratito de la tarde, cuando terminas tu labor y te escapas a la Mother House a la hora de adoración. Entrar allí y econtrarte con la tumba de Madre Teresa te da fuerzas para llevar la misión siguiendo el ejemplo de esa GRAN persona, que se ve reflejada en todas las sisters día a día.

Gracias Calcutta por abrirme tus puertas.

Leticia Vargas Girón
Voluntaria de VIS Foundation