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Describir mediante palabras todo lo que he vivido en la India es difícil. Y eso que ha sido un viaje que hice por casualidad. Siempre me dicen que para hacer voluntariado no hace falta irse tan lejos. Pero si que hace, y mucha. La gente intenta describirte lo que alli han vivido, pero la realidad es que no lo sientes hasta que lo ves con tus propios ojos. Y hay que dar tantas veces gracias por lo afortunados que somos.. De verdad tu que me lees, si te lo puedes permitir, te aconsejo sin duda alguna que vivas esta experiencia que no voy a decir que te cambie radicalmente, pero si te va a marcar para toda tu vida.

La gente intenta describirte lo que allí han vivido, pero la realidad es que no lo sientes hasta que lo ves con tus propios ojos.

He descubierto que la característica más importante para ser feliz es ser agradecidos.
Aún recuerdo sus sonrisas, la de aquellos niños del cole de la ONG, felices por el mero hecho de existir y de tener la oportunidad, a pesar de sus discapacidades (autismo, síndrome de down, etc.), de tener una educación. Y discutiría el término “discapacidad” por el hecho de que me han enseñado mucho más que cualquier otro niño del siglo XXI de esta sociedad. En la India estos niños no tienen tantas facilidades, ya que ellos traducen como un castigo nacer así.
Si me tengo que quedar con alguna anécdota sería una excursión que hicimos con ellos al Victoria memorial. Llovía mucho, sin embargo a ellos no les importaba comerse su sandwich de queso y ketchup bajo el agua. La sonrisa no se le borraba de sus caras. Ni a ellos, ni a las profesoras que nos acompañaban. Y en estas situaciones te das cuenta de la capacidad que tienen, aquellas personas sin apenas recursos, de valorar el momento que están viviendo. Porque se gana más buscando la felicidad de los demás que la tuya propia. Y los niños, como decía la madre Teresa, son los mejores profesores.

Y qué decir de la gran labor de las hermanas de la madre Teresa en Calcuta. Tuve la suerte de que me tocara un centro de ancianos, Prem Dan (regalo de amor en hindi, un nombre que le di sentido más tarde). Es una generación de la que hay tantas cosas que aprender… En aquellos días me doy cuenta de lo importante que es tener una familia, personas a tu alrededor que se preocupen por ti y sobre todo que te quieran. Yo para mis “abuelitas” pienso que sólo he sido una voluntaria que estaba de paso, pero para ellas he sido mucho más que eso. El simple hecho de que las escuchara o simplemente las mirara con ternura, ya les era más que suficiente. Crees que no has hecho nada para cambiarles la vida, y es verdad, pero has hecho algo más importante que eso: quererlas, el sentimiento mas poderoso que existe. Hay males que no se pueden curar ni con todo el oro del mundo, pero si con un simple gesto de amor.

Porque se gana más buscando la felicidad de los demás que la tuya propia. Y los niños, como decía la madre Teresa, son los mejores profesores.

Como decía una compañera de esta aventura, hemos recibido mucho más de lo que hemos dado. Y te das cuenta cuando llegas a casa y vuelves a la realidad. Cuando te espera un plato caliente en la mesa todos los días. Cuando te llaman tus amigas para tomarte una cerveza. Cuando tu padre no se queda tranquilo hasta que llegas a casa.
Y al final, piensas qué puedes hacer tú para ser mejor persona después de todo lo vivido. La respuesta es fácil, valorar. Dar importancia a esos detalles que forman parte de tu rutina diaria. Y tener siempre una sonrisa de agradecimiento. El voluntariado siempre empieza en uno mismo. Y no hay nada más fuerte que el corazón de un voluntario.

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. Madre Teresa de Calcuta
María José Fernández-Vial