La semana pasada hablamos sobre la contingencia ambiental, identificar la calidad del aire y algunas medidas preventivas para la grave condición de contaminación ambiental que sufre nuestra ciudad. El día de hoy, vamos a hablar sobre las consecuencias o efectos más graves que puede ocasionar la contaminación en nuestra salud.

Los componentes principales de la contaminación del aire en los países desarrollados o en vías de desarrollo (como el nuestro) son el dióxido de nitrógeno (procedentes de la combustión de combustibles fósiles), el ozono (el efecto de la luz solar sobre el dióxido de nitrógeno y los hidrocarburos) y las partículas sólidas o líquidas suspendidas.

Los altos niveles de contaminación del aire pueden afectar en forma negativa nuestra función pulmonar, desencadenando exacerbaciones de asma y EPOC principalmente. El gran tránsito vehicular crea una micro atmósfera con aire estancado por inversiones térmicas, empeorando aún más la situación. Todos los denominados “contaminantes criterio” del aire (óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre, ozono, monóxido de carbono, plomo, materia particulada), salvo el monóxido de carbono y el plomo, causan hiperreactividad de las vías aéreas. La exposición a largo plazo puede aumentar las infecciones y los síntomas respiratorios en la población general, sobre todo en los niños.

El ozono, que es el principal componente del smog, es un irritante respiratorio fuerte y oxidante. Las exposiciones breves pueden causar dificultad respiratoria y dolor en el pecho principalmente.

Los niños que participan en deportes al aire libre durante días en los que la contaminación con ozono es alta son más propensos a desarrollar asma. La exposición prolongada al ozono produce una pequeña disminución permanente en la función pulmonar.

La contaminación por materia particulada del aire es una mezcla compleja, derivada de la combustión de combustibles fósiles, como el diésel y la gasolina. Las denominadas PM2.5 (materia particulada de < 2,5 μm de diámetro) producen una mayor respuesta inflamatoria por masa que las partículas más grandes. Esta contaminación particulada del aire aumenta las tasas de mortalidad principalmente por enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

La contaminación no sólo perjudica nuestro funcionamiento pulmonar y cardiovascular. Los altos niveles de contaminación, el humo de coches, autobuses y compuestos químicos de fábricas e industrias favorecen el incremento de enfermedades.  Este problema ambiental puede provocar irritación en los ojos, ardor, enrojecimiento y lagrimeo, además de sensación de quemazón.

La contaminación del aire también produce conjuntivitis, es decir, la inflamación del tejido que cubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados, lo que provoca lagrimeo y enrojecimiento del globo ocular. Además, puede aumentar la aparición del síndrome del ojo seco, por lo que no se produce la cantidad necesaria de lágrimas para mantenerlos lubricados, causando así irritación y picazón.

RECOMENDACIONES:

Se debe ingerir suficientes líquidos para mantenerse bien hidratado, con el fin de que el cuerpo pueda producir la cantidad de lágrima suficiente y mantener el ojo húmedo; instalar filtros de aire de alta calidad que eviten el paso de elementos contaminantes externos y evitar la exposición de los ojos al humo de cigarros o de ambientes muy cargados.

Por lo tanto, los profesionales de la salud y especialistas en el área de oftalmología recomiendan el uso de lentes oscuros grandes con filtro UV mientras se está al aire libre.

Como conclusión, podemos decir que aunque las enfermedades respiratorias son las dolencias más habituales asociadas a los altos niveles de sustancias contaminantes en el ambiente, también puede afectar a otros órganos entre los que se encuentran principalmente los ojos.

Bibliografía